Ajo

Es una planta liliácea que crece formando una cabeza de bulbos puntiagudos, llamados dientes, apoyados sobre una base común.
El ajo que normalmente consumimos es el ajo seco, con un sabor y olor bastante fuerte .


El ajo tierno, que se encuentra en el mercado en primavera, tiene un aroma y sabor mucho más sutil, lo que le hace ser muy apropiado para ensaladas o para comer apenas salteado.

Aunque su origen está en Asia Central, Chinos y Egipcios ya lo utilizaban en la más remota antigüedad : Alimentaban con ajos a los esclavos que construían las pirámides porque creían que el ajo les aportaba energia. Tambien se empleó en el proceso de momificación y como moneda.

En Grecia y Roma el ajo se consideró un potente afrodisiaco.
En la época medieval se usó el ajo para librarse de brujas, vampiros y malos espíritus.
Durante la II Guerra Mundial se repartía entre los soldados para que tuvieran un remedio contra las heridas.
El ajo es muy rico en sales minerales, azufre, encimas y vitaminas. Además tiene muchas propiedades medicinales:

Reduce el nivel de grasa y colesterol en la sangre.
Hace la sangre más fluida y así, disminuye el riesgo de infarto y trombosis.
Previene el cancer.
Es un potente bactericida.
Aumenta la potencia sexual.
Es útil contra la bronquitis, la tos y el catarro.
Es desinfectante, puede usarse para curar heridas.
En la cocina, Tiene muchísimas aplicaciones : Es el condimento perfecto para la carne de cordero, carnero y cabrito. Se usa para hacer asados de carne, en potajes y platos de legumbres ...
Hay un refrán que dice: "ajo hervido, ajo perdido", y es que cuanto más tiempo hierve, su sabor es más suave. Por otra parte, si el ajo se quema, amarga.

El ajo es el ingrediente principal de muchos platos de la cocina mediterranea : Allioli, pesto genovés, gazpacho, ajoarriero, sopa de ajo...
Lo que suscita su característico olor y sabor es el componente de azufre que tiene, y que puede provocar mal aliento después de haber comido ajo, pero hay unos cuantos remedios caseros para combatirlo:
Beber zumo de limón recién exprimido.
Tragar un clavo entero.
Morder perejil o hinojo.
Tomar una cucharada de miel.
Beber un vaso de leche o de vino tinto.

 

 

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