Preparación
Lavar, limpiar y cortar las berenjenas en rodajas
de 1 cm de grosor. Sumergir en abundante agua con sal mientras se sigue
con la preparación de la musaka.
En una cacerola, calentar 1 taza de aceite y sofreír la cebolla
picada hasta que quede transparente. Añadir los garbanzos picados
y sofreír durante 10 minutos junto con la cebolla. Añadir
el tomate, el ajo picado, la hoja de laurel, sal y pimienta y dejar
hervir durante unos 45 minutos, a fuego lento.
Mientras tanto, preparar la bechamel: Calentar la leche. Derretir la
mantequilla a fuego lento y, sin dejar de remover con un batidor de
varillas, verter la harina, dejándose que se dore durante un
par de segundos.
Inmediatamente, añadir poco a poco la leche caliente sin dejar
de remover ni un momento. A fuego lento, y sin dejar de remover, esperaremos
a que la mezcla se espese, sin que llegue a hervir, y la retiraremos
del fuego. Añadir el huevo y el queso rallado y batir hasta que
quede bien mezclado. Reservar.
Escurrir las berenjenas, pasar las rodajas por harina y freír
en abundante aceite hirviendo. En una fuente de horno, rectangular,
colocar una capa de berenjenas y sazonar con sal y pimienta. Cubrir
con la mezcla de garbanzo picado y extender por encima el resto de las
berenjenas, sazonando de nuevo con sal y pimienta.
Recubrir con la salsa bechamel y, por último, espolvorear por
encima el queso rallado. Cocinar a horno fuerte durante unos 30 minutos.
Dejar que se enfríe un poco y cortar en trozos cuadrados.
Sugerencias: Servir con ensalada y pan. Como la receta es muy laboriosa,
es preferible preparar bastante cantidad y conservar en la nevera o
en el congelador, cortado en porciones que pueden calentarse en el horno
o en el microondas cuando vayan a ser consumidas.