UNA DE CHIPIRONES

En cierta ocasión, llegaron a mi establecimiento, cuatro matrimonios extranjeros y pidieron algún plato de pescado típico de nuestra región. En un francés muy peculiar mío, aprendido en casa, nada académico, pero muy práctico, les contesté:

- Dames et messieurs. Je vous recommende des "chipirones" avec une sauce noire. Vous serez satisfaits.
- ¿Noire? - me preguntaron extrañados.
-Oui - y saqué una cazuelita de chipirones para que los probaran. Les obsequié con un chipirón a cada uno. pero al ver esa salsa tan negra ninguno se atrevía a probarlo. En su presencia, comí uno y, al verme comer, se decidió uno de los señores. Probó, primeramente un trocito pequeño y, seguidamente, se tragó el resto. Le imitaron los demás, comiendo su respectiva ración, a la vez que rebañaban los platos, untando la salsa con pan y empujándolo para adentro con buenos tragos de vino clarete. Todos pidieron chipirones para comer.

Por aquel entonces, tenía yo la costumbre de regalar a cada señora que se sentaba a comer en mi casa, un ramillete de hiervabuena (menta) que se cría estupendamente en mi jardín y resulta un obsequio del que no puedo decir que sea nada caro. Iba, pues, de mesa en mesa, dejando estos pequeños ramilletes y, al llegar a la última, la ocupaba precisamente por estos señores extranjeros, dejé en ella el resto de la menta que formaba un ramillete algo mayor que los demás.

Me agradecieron, a la vez que olfateaban la menta y decían:

-Très bon. - Les hice una reverencia y, muy satisfecho, volví a la cocina.

Al poco rato, me avisa una camarera que vaya urgentemente a la mesa que ocupaba un buen cliente, D.Salustiano.

Este, me dice muy callandito:

-Esos extranjeros se están comiendo la hierbabuena. Advirtiéndoles que no es para comer.

-Bueno -digo yo-. Y ¿cómo me las arreglo para explicárselo?

Me aceco a la mesa y me intereso:
-Bon apetit. Vous ont ils plus les "chipirones"?
-Oui. Ils son très bons. Mucho fantástico.
-¿Les aimez vous aussí, avec de la menthe?
- Oui Il son delicieux

Entonces, pienso yo para mis adentros.
-¿A ver si, sin darme cuenta, he descubierto un nuevo plato?

Voy a la cocina, introduzco una pequeña hoja de menta dentro de un chipirón y me lo como. No me pareció que tuviera mal sabor, al principio, pero a las dos horas, tuve que lanzarme, al asalto, a por bicarbonato. Y, si vale, mi recomendación es que no se les ocurra jamás realizar esta combinación que, la verdad, es que resulta muy desagradable.

Bueno, pero el caso es que, al año siguiente, se presentan a almorzar estos mismos y pidieron chipirones. Les serví y cuál no sería mi sorpresa cuando me reclamaron ¡la menta!

Se conoce que la mezcla de vino clarete y jerez mata el bouquet de menta.

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