LAS CEREZAS

Estaba tomando la fresca cerca de mi casa me fijé en tres niños que intentaban subir a un cerezo, cargado del sabroso fruto y perteneciente a un vecino. Al ver el esfuerzo que, inútilmente, realizaban para subir al árbol me acerqué a ellos y les invité a que, utilizando mis hombros, subieran, lo que hicieron con mucha facilidad. Viendo que donde se encontraban no existia peligro para ellos, así como tampoco iban a tenerlo para bajar del árbol, me marché a realizar mi faena.

A la hora me llama una de las muchachas del servicio y me dice: "Ahí fuera tiene tres chavales que preguntan por usted".

Salgo, y cuál no sería mi sorpresa al encontrarme con los tres niños a los que subí al árbol, lo cuales me ofrecían un bote viejo y roñoso lleno de cerezas, diciéndome que era la parte que me correpondía.

Eran unas cerezas verdes. En mi casa tenía unas de Milagro, muy sabrosas, pero comí aquellas otras, verdes, que me supieron a gloria, pues me recordaban aquella época de mi niñez, cuando yo era el terror de los huertos de la vecindad y me comía las cerezas con hueso y todo, aunque al día siguiente no solía andar nada bien……

Cómo agradecí el gesto de los niños, ya que en aquellos momentos hicieron que yo me sintiera como ellos. Y es que tienen un sabor tan estupendo las cerezas robadas..., aunque sean verdes...

VOLVER